Eduardo Wilde
Publicado en "Diario
La República ",
Buenos Aires, 12 de abril de 1874
“Descamisados”
La prensa mitrista llama
"descamisados" a todos los que no son partidarios de su ídolo. Esa
prensa podrá reconocer la pobreza de los individuos que insulta, que son
argentinos, que tienen derecho a participar de las conmociones de su patria y a
concurrir para la formación de sus poderes. Pero si los individuos del pueblo
que van a dar en tierra con el poder y con la influencia del caudillo y la
aristocracia son descamisados, ¿quién les habrá robado la camisa? ¿Por qué,
siendo argentinos, se encuentran desheredados en su propia Patria? Los que
ahora nos insultan llamándonos descamisados, quizás viven en suntuosos palacios
o en casas regaladas que se compran con el dinero que se cercenó a nuestro
salario. Quizá los que después de habernos desnudado se ríen de nuestra
desnudez, se visten lujosamente con el dinero que la Nación había destinado para
que fuéramos bien alimentados en las campañas, y para que no entráramos
hambrientos a las batallas, donde debíamos llenar los deberes del soldado para
sostener la grande y ruinosa política. Quizás los que insultan a los pobres
trabajadores del pueblos señalándoles su miseria, han conseguido conducirlos a
ella, destruyéndoles su familia al arrebatar del hogar al que la mantenía;
quizá el descamisado que recorre las pulperías consumiendo lo que gana en el
día es conducido a la abyección y a la miseria por los que le hicieron
abandonar a sus hijos y a .su esposa imponiéndoles la ración de hambre y
desolación que quita todo los encantos de la vida.
Si los descamisados hablaran, cuántos
opulentos nos señalarían que ostentan su lujo en cambio de la desnudez que
procuraron. Los descamisados no son mitristas. Los mitristas tienen camisa,
casa, alimentos y dinero. ¿Es acaso porque trabajan más o porque no tienen
vicios?
No, ellos son también los descamisados
de la víspera que el oro de los proveedores ha vestido. Ellos son los
individuos del pueblo que gozan de un sueldo mensual salido ya sabemos de dónde
y que se les paga por ser mitristas, por sostener a Mitre, por votar por él,
por elevarlo, por servir a la empresa que quiere hacer de ‚él un presidente que
sangre de nuevo al pueblo para convertir sus adeptos en millonarios. Ellos son
también los descamisados de la víspera que tomarán una profesión lucrativa: la
de ser mitristas. Si no se escondiera en cada uno de nuestros descamisados un
tesoro de abnegación y de virtudes, ellos no sufrirían la vergüenza de oír
insultar su miseria. Nuestros descamisados saben dónde se encuentran las
camisas que harían bien a su cuerpo.
Preferimos nuestros descamisados que
la abnegación arrastra, a sus compañeros de la víspera vestidos hoy gracias al
oro de los empresarios de candidaturas. Los descamisados que no se procuran
camisas a cambio de su conciencia, irán hoy a los atrios con su pecho
descubierto a dar su voto por los electores que han de elegir un presidente que
no haga guerras, que no haga surgir como nuevas industrias las proveedurías y
que no persiga los derechos de las provincias. Nuestros descamisados expondrán
hoy sus pechos descubiertos a las balas de los revólveres lujosos y a los filos
de los puñales con que la plutocracia de Buenos Aires ha amado a sus afiliados.
Esos descamisados que volvieron desnudos de los campos de batalla en que
quedaron muchos de sus compañeros, enseñarán hoy a los insultadores y a su jefe
indolente que están dispuestos mantener sus derechos y a conseguir que su
voluntad soberana impere, porque son ellos, los descamisados, los miserables, a
quienes queda como única fortuna su conciencia, los que forman el pueblo, la
mayoría que arrastra una vida precaria en las ciudades, siendo siempre la
primera en los sacrificios y en los gloriosos combates.
Recogemos el nombre o el apodo con que
se pretende injuriar a los partidarios de nuestras ideas y nos lo apropiamos
con orgullo. Somos los descamisados, no traficamos con nuestra conciencia, pero
el sol que lucirá hoy no se ocultará en el horizonte sin presenciar nuestra
victoria democrática, y los que pretenden insultar la miseria y la
inquebrantable firmeza de los que no están con ellos, tendrán que estampar en
sus periódicos esta consoladora noticia: ¡los descamisados han triunfado!

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